IMPORTACIA DE LA LECTURA
Un lector auténtico es alguien que lee
por voluntad propia, porque sabe que leyendo puede encontrar respuestas a sus
necesidades de información, de capacitación, de formación, y también por el
puro gusto, por el puro placer de leer. En otros términos, significa que se ha
descubierto que la lectura es una parte importante de la vida, es una fuente de
experiencias, emociones y afectos; que puede consolarnos, darnos energías, inspirarnos.
Significa que se ha descubierto el enorme poder de evocación que tiene la
lectura, alguien lea por puro gusto, por el placer de leer, es la prueba
definitiva de que realmente es un buen lector,
de que tiene la afición de leer.
No basta leer muchos libros de texto, ni
pasar muchos años en la escuela para convertirse en auténticos lectores.
Usualmente, desde que se culmina la primaria, la mayoría de los niños no tienen
libros ni revistas en su casa; Los educadores y los sociólogos han demostrado
que a mayor nivel de ingreso familiar, mayor nivel de capital cultural (capital
simbólico en términos de Bourdieu) y, con frecuencia, mayor nivel de escolaridad.
A partir de estratos de clase media y niveles superiores, sobre todo cuando se
es descendiente de padres con estudios superiores, el acceso a materiales
impresos, particularmente libros, resulta más frecuente. Para hacer dinero no
se necesitan muchas lecturas, Para muchas otras cosas si, y más valederas e importante.
La idea central a destacar ahora es que la mayoría actual de nuestros
estudiantes universitarios son la primera generación de su familia que accede a
educación superior y, en consecuencia, la mayoría de sus hogares no cuentan con
libros, ni existe la sana costumbre de leer. Inician una carrera universitaria
en condiciones muy desventajosas para incorporar acervos de cultura que no
tuvieron la fortuna de heredar. El esfuerzo que deben realizar en relación a
condiscípulos más afortunados, es adicional a la de los requerimientos de la
carrera que seleccionaron. A marchas forzadas deberán, si son conscientes de
sus carencias, incorporar las lecturas que no heredaron. Entonces no solamente necesitarán
leer sus libros de texto, sino frecuentar otros géneros de literatura que les
pertreche para el ejercicio profesional en mercados de trabajo cada vez más
competidos, donde las capacidades de comunicación oral y escrita son más
intensamente demandadas, estudios serios sobre el desempeño profesional revelan
que los profesionales más exitosos, son aquellos que en su ejercicio tienen una
alta capacidad de comunicación oral y escrita.
El leer correctamente es más que
simplemente recorrer con los ojos las palabras de un texto. Es establecer un
vínculo con el texto que involucra al lector intelectual y emocionalmente. Es
desarrollar la facultad de comprender y sentir plenamente un escrito, capacidad
que se desarrolla a medida que se frecuenta y ejercita la habilidad intelectual
de leer, que es algo mucho más complejo que la sencilla alfabetización. El
aprender a leer solo se consigue leyendo. No hay otra vía. En la actualidad
nuestros jóvenes tienen una cultura muy ajena a los caminos que conducen a los
placeres de la lectura.
Pasaron usualmente de una infancia de
adicción a la televisión a una adolescencia adicta a la computadora; arribaron
a la juventud sin mediaciones de materiales impresos seleccionados por voluntad
propia, sus formaciones están conformadas por imágenes, nutrientes de dos
dimensiones, planas y chatas. En palabras del gran escritor chihuahuense Jesús
Gardea, ven el mundo y lo que les rodea como veían los seres vivos de la era
cuaternaria, en planos de dos dimensiones. Todavía no alcanzan a percibir la
profundidad de la realidad y alcanzar a pensar que lo existente tiene tres
dimensiones.
Por otra parte, el mundo de imágenes a
que están acostumbradas las generaciones actuales, transmitidas por la
televisión, internet o el cine, sólo plantean ideas muy elementales, ninguna
idea minimamente elaborada puede
explicarse solamente con imágenes, se requiere, obligadamente de palabras, de
textos impresos aunque sea en los monitores o de amplias explicaciones orales
que sustituyan los escritos.
La lectura es una práctica activa,
dinámica. Muy diferente al criterio común, particularmente en el seno familiar
cuando se trata de tareas domésticas, se sostiene: que lo haga fulano, no está
haciendo nada, solo esta leyendo. Cual si fuera una simple forma de ocupar el
tiempo, sin percatarse que la lectura implica poner en juego la atención, la capacidad
de concentración, liberar la mente de otras preocupaciones y sumergirse en un
mundo de desarrollo de la imaginación, de despertar la capacidad de fantasía
para transladarse a otros tiempos y a otros lugares; de envolverse en tramas
que transforman y permiten vivir otras vidas. En una palabra, facilitan el
desarrollo de las facultades intelectuales, las emociones y la imaginación. La sensibilidad,
igual que las habilidades o las destrezas también se educa y se refina. Asegura
Guglielmo Cavallo “El abismo, esencial pero tosco, entre lectores cultos y
analfabetos, no agota las diferencias en la relación con lo escrito. Todos
quienes pueden leer los textos no los leen de la misma manera y, en cada época,
grande es la diferencia entre los doctos bien dotados y los más torpes de los
lectores. Contrastes, finalmente, entre unas normas y unas convenciones de
lectura que, en cada comunidad de lectores, definen unos usos legítimos del
libro, unos modos de leer, unos instrumentos y unos procedimientos de
interpretación y contrastes, por último, entre las esperanzas y los intereses
tan diversos que los diversos grupos de lectores ponen en la práctica de leer.
De esas determinaciones, que gobiernan las prácticas, dependen las maneras en
que pueden ser leídos los textos, y leídos de modo diferente por lectores que
no comparten las mismas técnicas intelectuales, que no mantienen una relación
semejante con lo escrito, que no otorgan ni el mismo significado ni el mismo
valor a un gesto aparentemente idéntico: leer un texto. Por otra parte la lectura
no es solamente una operación intelectual abstracta: es una puesta a prueba del
cuerpo, la inscripción en un espacio, la relación consigo mismo o con los
demás”. Es también una relación social que ha cambiado a lo largo de la
historia, que pasó por ejemplo por la práctica de la lectura en voz alta,
compartida y comentada, para llegar a la actual individual y en silencio, pero
no por ello menos socializada.
De acuerdo con Felipe Garrido: Para
lograr una buena lectura hace falta seguir, sentir y comprender el texto no por
palabras sueltas, sino combinando las frases, los párrafos, las secciones o
capítulos en unidades de significado
cada vez más amplias, hasta llegar a la comprensión de una obra en su
totalidad. Un lector ya formado realiza esta operación de manera inconsciente,
pero los lectores que comienzan y los que todavía no son suficientemente
expertos necesitan ayuda para acostumbrarse a reconocer las unidades de significado
Ello ocurre – dice este autor- cuando se aprende a dar sentido a más palabras y
frases, a más noticias, sentimientos, emociones e ideas. O sea a conocer a
plenitud esas unidades de significado. A reconocer lo dicho en contextos
diferentes y a comprender conocimientos y experiencias que ya se habían
pensado, sentido y vivido. La lectura no puede sustituirse con otras actividades,
sostiene Garrido, porque la lectura es un ejercicio de muchas facultades: la concentración,
la deducción, el análisis, la abstracción, la imaginación, el sentimiento.
Quien no lee deja de ejercitar estas facultades, y no solamente las va perdiendo,
sino que también dejará de tener muchos buenos ratos.
La lectura normalmente se aprende por imitación, como los
pasatiempos, los deportes o los juegos de distracción que nos atraen. De ahí
que entre más temprana sea la edad para iniciarse en su práctica más sana será
y más pronto se llegará a ser un lector calificado. Por lo que es altamente
recomendable que los niños se familiaricen con los libros, que vean a los
adultos cercanos leyendo y empiecen a experimentar curiosidad y deseos de leer
por el solo placer de hacerlo, así, más pronto llegarán a la plenitud como los lectores
expertos.
Leer bien es uno de los mayores placeres
que puede proporcionar la soledad, porque, al menos según mi experiencia, es el
más saludable desde un punto de vista espiritual. Hace que uno se relacione con
la alteridad, ya sea la propia, la de los amigos o la de quienes pueden llegar
a serlo. La invención literaria es alteridad, y por eso alivia la soledad.
Leemos no sólo porque nos es imposible conocer a toda la gente que quisiéramos,
sino porque la amistad es vulnerable y
puede menguar o desaparecer, vencida por el espacio, el tiempo, la falta de
comprensión y todas las aflicciones de la vida familiar y pasional
Contrariamente a lo que sucedía en el
pasado, hoy en día la lectura ya no es el principal instrumento de
culturización que posee el hombre contemporáneo; ésta ha sido desbancada en la
cultura de masas por la televisión, cuya difusión se ha realizado de un modo
rápido y generalizado, en general, se
puede afirmar con seguridad que hoy día en todo el mundo el papel de
información y de formación de las masas, que durante algunos siglos fue propio
de la producción editorial, y, por tanto, “para leer”, ha pasado a los medios audiovisuales,
es decir, a los medios para escuchar y ver, como su propio nombre indica.
El libro, por su parte, también implica
una relación dialéctica en su uso y destino. Afirma Ernesto de la Torre Villar:
“El libro crea una situación ideal de diálogo. Escritor y lector comparten esa
vital experiencia. El libro es conocimiento. Es reciprocidad, posibilidad de libre
y fundamental intercambio. Así el libro implica esa doble dimensión, la del
conocimiento y la de la reciprocidad, las cuestiones que conciernen a su
diseño, producción, divulgación y adquisición imponen una urgente deliberación
social para defenderlo y promoverlo como fundamento de convivencia y progreso
social e intelectual. Igualmente el
libro, medio y forma más preciso y perfecta por los cuales el pensamiento
humano a través de la escritura se conserva y transmite entre los hombres, es a
la vez defensa y amenaza. Defensa de la inteligencia, del espíritu, de la
capacidad de los seres racionales para expresar su pensamiento, sus ideas preñadas
de emociones, de intelecciones explicativas del propio hombre y de su mundo
circundante, de juicios en torno de la conducta propia y ajena, y del pensar
particular y de los demás, todo lo cual contiene. Amenaza para quien trata de
limitar el pensamiento y su expresión, para quien teme el enjuiciamiento de una
conducta reprobable o la condenación de bastardos intereses. Defensa del hombre
en su calidad esencial y amenaza contra quien o quienes por cualquier razón se
oponen al desarrollo completo e integral de las cualidades humanas.
Se evidencia que gran parte de los
errores cometidos por los estudiantes universitarios al realizar un examen, se
deben a que no comprenden bien lo que leen o porque no saben leer en forma crítica,
la lectura no es simplemente una habilidad mecánica, leer bien es razonar bien
dentro de uno de los más elevados procesos mentales que incluye diferentes
formas de pensamiento: la evaluación crítica, la formulación de juicios, la imaginación
y la resolución de problemas, pretenden con su texto estimular la afición a la
lectura para desarrollar habilidades de intensa percepción, la memoria
funcional, el cuestionamiento creativo, razonamiento lógico y la evaluación
crítica; para lograr una eficiente lectura, que es también una excelente
técnica de estudio, es necesario un proceso de desarrollo de habilidades que
comprende, primero, antes de empezar a leer hay que tener en mente un objetivo
¿por qué? y ¿para qué leer?, enseguida hojear para tener una idea general del
texto, particularmente revisar el índice, seleccionar la parte que
aparentemente se relaciona más con el objetivo, leer el título, luego, leer el
primer y último párrafos completos, enseguida leer la primera oración de los
párrafos restantes y decidir si es útil para leer el texto completo.
Una comunidad sin literatura escrita se
expresa con menos precisión ,riqueza de matices y claridad que otra cuyo
principal instrumento de comunicación, la palabra, ha sido cultivado y
perfeccionado gracias a los textos literarios, una persona que no lee, o lee
poco, o lee sólo basura, puede hablar mucho pero dirá siempre pocas cosas,
porque dispone de un repertorio mínimo y deficiente de vocablos para expresarse.
Ninguna otra disciplina, ni tampoco rama alguna de las artes, puede sustituir a
la literatura en la formación del lenguaje con que se comunican las personas.
Los conocimientos que nos transmiten los manuales científicos y los tratados
técnicos son fundamentales; pero ellos no nos enseñan a dominar las palabras y expresarnos
con propiedad: al contrario, a menudo están muy mal escritos y delatan
confusión lingüística, porque sus autores, a veces indiscutibles eminencias en
su profesión, son literariamente incultos y no saben servirse del lenguaje para
comunicar los tesoros conceptuales de que son poseedores. Hablar bien, disponer
de un habla rica y diversa, encontrar la expresión adecuada para cada idea o emoción
que se quiere comunicar, significa estar mejor preparado para pensar, enseñar,
aprender, dialogar y también para fantasear, soñar, sentir y emocionarse.